La llegada de mi hermana, fue una bendición pues aunque yo solo tenia 6 años, era algo que deseaba con todas mis fuerzas.
No os podéis imaginar lo contenta que me ponía cuando la gente del pueblo me preguntaba por ella, mis compañeras de la escuela, profesores etc.
Cuando hacia buen tiempo al salir cada día de la escuela nos dejaban quedarnos en la calle para merendar y estábamos jugando un rato, todas querían saber como estaba mi hermanita, y yo súper contenta y muy orgullosa les iba contando como iba la cosa.
Si lloraba, las caras que me ponía cuando le decía cosas, si mi madre me había dejado ayudarla a vestirla y un montón de cosas algunas de las cuales solo se le podían ocurrir a una canijas como nosotras.
Hacíamos planes para cuando llegara el buen tiempo y pudiéramos jugar con ella, enseñarle a andar, que nos acompañara al colegio y como era más pequeñita que cuando viniera ella la cuidaríamos y le daríamos un montón de besos (me viene al pelo, ya que soy muy besucona).
Todo ello recién nacida como quien dice ya que nació en febrero y los planes eran para el verano.


