Yo no dejaba de ser una canija de unos seis o siete años, notaba que Caty estaba engordando cada vez más y muchas veces no tenia ganas de enredar, ni de correr, no me hacia caso, y era un poco raro eso.
Una de las mañanas que me fui con mis padres al campo, estaba tan nerviosa que quería llegar antes de salir del pueblo.
Caty no había bajado el día anterior y aunque eso no era lo normal tampoco le di importancia ya que mi madre me dijo que se había quedado en el campo y al día siguiente íbamos a subir los tres, me esperaba una gran sorpresa al llegar.
Yo iba montada y al llegar cerca de la cabaña les dije que me bajaran que quería asustarla, me acerque corriendo y no la vi, de pronto se acerco mi padre me dio la mano y me llevo con mi madre hacia la parte de atrás y hay estaba Caty, lo primero que pensé fue que estaba enferma y se iba a morir.
Miraba y no venia, la veía muy pochita, de pronto vi que no estaba sola ya que había tenido cachorrillos.
Todo el día me quede mirándolos embobada, pienso que fue el día que menos mal les di a mis padres, y a Caty.




