martes, 16 de marzo de 2010

LA SIEGA

Mis abuelos tenían una finca y cuando llegaba el buen tiempo nos íbamos ya que los hombres hacían las labores propias del campo.
Me gustaba ir, ya que estábamos todo el día corriendo, nos metíamos en los campos que estaban segando, subía al trillo con mi abuelo, mi padre o mi tío. También nos llevaban en la galera. Ayudábamos con el ganado.
Era un sin parar y todavía protestábamos cuando nos obligaban a echarnos la siesta.
La casa estaba en el alto y abajo había una fuente de manantial le pusieron una teja (a día de hoy todavía sigue igual) y salía un agua muy fresquita, no nos dejaban bajar solas porque al lado había un rió, con juncos, cañas...
La verdad que a día de hoy, y ha pasado mucho tiempo todavía lo echo de menos.

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